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Sin duda, las militantes feministas que conformaron el grupo de cuarenta y seis mujeres asambleístas, debieron haber influido para que la nueva Constitución rompa el silencio y, por primera vez, reconozca nuestra existencia diferenciada del género masculino en expresiones como, "nosotras y nosotros, el pueblo soberano del Ecuador", "todas las ecuatorianas y ecuatorianos", y así por el estilo. No debe pasar desapercibido este hecho histórico, pues nada consagra con mayor crudeza la supremacía masculina en la sociedad que el lenguaje con el que nos comunicamos en la cotidianidad, en el que lo femenino es silenciado y no puede representarse por sí mismo sino siempre a través de signos masculinos.
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